Quién soy

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Mi nombre es Andrea Salcedo, soy española y vivo en Bruselas desde el 2010. Vine nada más acabar la carrera para un proyecto educativo y ¡aquí me quedé!

Llevo diez años de carrera profesional dedicada a la infancia, trabajando en proyectos relacionados con los derechos de los niños y las niñas dentro del mundo asociativo, y como maestra de Educación Infantil en un colegio de pedagogía activa en Bruselas. Ahora compagino mi trabajo de maestra con asesorías y acompañamiento a familias, profesionales de la infancia e instituciones.

 

Soy Graduada en Magisterio de Educación Infantil, Educadora  Certificada en Disciplina Positiva por la Asociación Americana de Disciplina Positiva (Familias y Primera Infancia), Licenciada en Administración y Dirección de Empresas, y Certificada por la Universidad de Lovaina en Derechos del Niño. Soy, sobre todo, ¡una apasionada de la educación infantil!

Siempre he pensado, y la experiencia me lo ha demostrado, que para acompañar bien a los niños, nosotros, como adultos, ¡también tenemos que ser sostenidos y apoyados! Con el acompañamiento familiar e institucional, espero poder aportar un granito más de arena a esta maravillosa tarea que es educar a nuestros más pequeños.

Miembro:

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¿Qué es para mí la educación infantil?

La educación no empieza en la escuela infantil, mucho menos en la Primaria… La educación empieza en esos primeros minutos, horas, días, semanas y meses de vida después de nacer… En cómo somos recibidos, tratados, hablados, cuidados, en cómo son esas primeras vivencias en el mundo al que acabamos de llegar.

A decir verdad, yo diría que la educación empieza incluso antes del nacimiento, ¡Empieza con esa visión que nosotros, como adultos, tenemos de la infancia!

¿Qué es un niño/a pequeño/a y cómo funciona todo esto de criarlo y/o educarlo? ¿Qué visión tengo de la infancia? Muy a menudo no nos lo preguntamos directamente ni tampoco nadie nos lo enseñó explícitamente… Como adultos, vamos haciendo lo que podemos y, la inmensa mayoría de las veces, lo mejor que sabemos, con nuestra amalgama particular de experiencias de nuestra propia infancia, influencias culturales, aprendizajes posteriores, y todo ello se va combinando con lo que nuestros pequeños traen “de fábrica” al nacer, determinado por su genética, y progresivamente, por su entorno.

Para mí, la educación infantil está estrechamente ligada a lo que llamamos “cuidados”. Ambos van de la mano, ambos son esenciales. Educar infancia, acompañar infancia, es sostener a nuestros más pequeños en sus primeros pasos de vida. Es enseñarles “cómo funciona el mundo” y cómo sobrevivir en él (con suerte, cómo ser felices en él); es darles herramientas para poder estar en él, para vivir los unos con los otros, para cooperar, para pertenecer,… Digamos que es la base sobre la que va a cimentarse el resto de su vida humana.

¡Qué responsabilidad tan grande tenemos los adultos podemos pensar a priori!, ¿Cierto?

Qué paradoja, semejante responsabilidad dentro de una sociedad en la que generalmente los cuidados y la educación infantil están relegados a un segundo plano. Todos somos vagamente conscientes de su carácter esencial, pero pocas veces es prioridad en la escala de lo “valorado socialmente”. Muchas veces es invisible, sin valor económico, históricamente asumido por el sexo femenino, y eso sí, siempre, profundamente subestimado.

Dejando al lado ese debate, que forma parte de mis reivindicaciones esenciales como educadora de infantil; ¡volvamos al tema del enorme tamaño de nuestra responsabilidad como adultos ante los más pequeños!

Por suerte, se trata de una responsabilidad compartida, o al menos debería serlo. Primero los progenitores y cuidadores, después los educadores infantiles y los maestros, para ampliarse paralelamente a la familia extensa y otros miembros de la comunidad. Todo ello en el mejor de los casos… pero todos sabemos que eso no siempre es así.

Crear comunidad es esencial para poder criar y educar. Como adultos, tenemos que estar unidos y sentirnos apoyados. Nadie debería estar solo frente a la crianza y la educación de una criatura. Si como adulto no estoy cuidado/a, sostenido/a, con mis necesidades satisfechas, difícilmente podré ocuparme de las necesidades infantiles. Necesitamos, por tanto, trabajar con todo el “ecosistema familiar y escolar”.

Los adultos son parte fundamental de la ecuación. Con este espacio pretendo contribuir a generar apoyo y sostén para crear esa comunidad interdependiente, y sobre todo, a darle tanto al adulto como al niño/a el lugar que merecen en ella, con todo el paquete (con sus necesidades, miedos, limitaciones personales y contextuales, sus fortalezas y fragilidades…). Todos somos importantes, todos merecemos que nuestras necesidades sean escuchadas, ¡pequeños y mayores! Creo que hay manera de lograrlo ;)

Aquí propongo un espacio libre de juicios, donde podamos apoyarnos en la ciencia para desmontar mitos, y donde toda la experiencia humana tenga cabida, dentro de su inmensa complejidad y sus muchas contradicciones! No busco crear espacios perfectos, experiencias de crianza y educación perfectas, sino compartir apoyo, conocimiento y herramientas, en esta maravillosa, y a veces durísima, faceta de la vida.

Asumamos nuestra responsabilidad, quitémonos presión y culpabilidad, y ¡disfrutemos del viaje!